Jehová Rafa, mi Médico Divino, vengo a ti en nombre de [nombre del enfermo/de mí mismo]. Tu Palabra declara que eres el Dios que sana todas nuestras dolencias (Salmo 103:3).
Por las llagas de Jesús en la cruz, la sanidad ya fue comprada y pagada. No vengo a pedirte que hagas algo nuevo — vengo a reclamar lo que ya estableciste hace 2.000 años en el Calvario.
Hablo a cada célula, tejido, órgano y sistema de este cuerpo y declaro: ¡sé sano en el nombre de Jesús! Que tu Espíritu Santo ministre sanidad desde adentro hacia afuera. Que los médicos sean instrumentos de tu sabiduría y los medicamentos actúen con poder multiplicado.
Doy gracias de antemano por la manifestación de la sanidad, porque creo en tu Palabra por encima de cualquier diagnóstico. En el nombre de Jesús, amén.