Amado Padre Celestial, al finalizar este día me acerco a ti para entregarte todas mis cargas, preocupaciones y ansiedades. Cierro mis ojos sabiendo que tú eres mi guardador y que tu presencia me rodea como un escudo protector en la oscuridad de la noche.
Te pido que limpies mi mente de todo pensamiento tormentoso y que tu paz, esa que sobrepasa todo entendimiento, inunde mi corazón ahora mismo. Declaro que mi habitación es un territorio de profunda tranquilidad cubierta por tu gracia.
Perdóname por mis fallas de hoy, límpiame y renuévame mientras descanso. Que tu Espíritu Santo ministre a mi alma mientras mi cuerpo recupera fuerzas para enfrentar el mañana con victoria.
En el poderoso nombre de Jesús, decreto que mi sueño será dulce, reparador y sin interrupciones, confiando plenamente en que tú no duermes ni te adormeces por cuidar de mí. Amén.