Dios Todopoderoso, me presento ante ti reconociéndote como Jehová Rafa, el Dios que me sana. Hoy vengo a poner mi salud y mi cuerpo físico completamente en tus manos. Tú conoces cada célula, cada órgano y cada sistema de mi ser, porque tú me formaste en el vientre de mi madre. Nada de lo que ocurre en mi cuerpo es un misterio para ti, y ninguna enfermedad es demasiado grande para tu poder restaurador.
Señor Jesús, recuerdo cómo durante tu ministerio terrenal recorriste ciudades sanando a los enfermos, levantando a los paralíticos y devolviendo la vista a los ciegos. Sé que tu poder no ha disminuido y que tu compasión sigue siendo la misma hoy. Por las heridas que sufriste en la cruz, declaro que hay sanidad para mi cuerpo. Te ruego que envíes tu Palabra sanadora ahora mismo, que limpies toda infección, repares todo tejido dañado, equilibres lo que está desordenado y extirpes todo lo que no pertenece al diseño original con el que me creaste.
También te pido sabiduría para los médicos y profesionales de la salud que me atienden, para que sean instrumentos de tu gracia. Y mientras atravieso este valle de enfermedad, te ruego que fortalezcas mi espíritu. No permitas que el miedo, el desánimo o la duda se instalen en mi mente. Lléname de tu paz sobrenatural, esa paz que me sostiene incluso cuando los diagnósticos médicos parecen desalentadores. Confío plenamente en tu voluntad, en tus tiempos y en tu amor infinito por mí. Levántame, Señor, para que mi cuerpo restaurado sea un testimonio vivo de tu gloria. En el poderoso nombre de Jesús, amén.
