Dios de toda esperanza, me acerco a ti en este momento en que las circunstancias me gritan que no hay salida. Pero tu Palabra declara que para ti no hay nada imposible.
Hoy elijo confiar en ti por encima de lo que ven mis ojos. Llena mi corazón de Tu esperanza sobrenatural, esa que no avergüenza porque ha sido derramada por el Espíritu Santo.
Señor, cuando mi esperanza humana se agote, que la tuya emerja con más fuerza. Que cada promesa de tu Palabra sea un ancla para mi alma en medio de la tormenta.
Decreto con fe que el amanecer llega. Que lo mejor está por venir. Que Tu fidelidad es nueva cada mañana. Amén.