“1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle.”
“1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida. 10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”
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Reflexiones
Salmo 42: Sedienta está mi alma de Dios
El Salmo 42 es la oración del que ha perdido el frescor de la presencia de Dios pero no ha perdido la sed de volver a encontrarla. Es el punto de partida de la esperanza: reconocer que nuestra alma aún lo busca.
Salmo 46: Dios es Nuestro Refugio y Fortaleza
El Salmo 46 nos invita a soltar el control y conocer que Dios es soberano. En la quietud — no en la actividad frenética — es donde la esperanza se renueva y la fe se fortalece.