Padre Celestial, vengo ante ti en este momento de desesperación total, sintiendo que las fuerzas me abandonan y que la oscuridad me rodea. Señor, humanamente he llegado a mi límite; ya no sé qué hacer, ni qué decir, ni qué camino tomar. Siento que me hundo bajo el peso de estas circunstancias y el miedo intenta apoderarse de mi mente. Pero en medio de esta noche oscura del alma, elijo levantar mis ojos hacia ti, porque tú eres mi refugio y mi fortaleza, mi pronto auxilio en las tribulaciones.
Hoy rindo todo mi dolor, mi frustración y mis lágrimas a tus pies. Dejo de luchar con mis propias fuerzas mermadas y te entrego el control absoluto de esta situación que me sobrepasa. Reconozco que mis recursos son limitados, pero tu poder es infinito. Te ruego que intervengas donde yo no puedo llegar. Por favor, rompe las cadenas de la angustia que oprimen mi pecho y sopla aliento de vida sobre mi espíritu quebrantado.
Señor Jesús, tú fuiste varón de dolores, experimentado en quebranto. Tú entiendes la profundidad de mi dolor mejor que nadie. Acércate a mí ahora mismo. Envuelve mi corazón con esa paz tuya que sobrepasa todo entendimiento humano. Ayúdame a confiar en que tú sigues sentado en el trono, que ninguna lágrima que derramo pasa desapercibida para ti, y que tienes el poder para hacer que todas las cosas, incluso esta situación terrible, obren para bien. Dame la gracia para esperar en ti y la fortaleza para dar el siguiente paso. En tu Santo Nombre, amén.
