Señor de nuestro matrimonio, hoy te invito al centro de nuestra relación. Tú dijiste que lo que Dios juntó, ningún hombre lo separe, y yo me afirmo hoy en esa promesa.
Perdónanos por las palabras hirientes, por los silencios que separan. Por tu gracia, comenzamos de nuevo desde este momento.
Señor, renueva el amor entre nosotros. Ayúdame a ver a mi cónyuge con tus ojos: como una persona valiosa, como un regalo.
Que nuestro hogar sea refugio, risa y fe. Que nuestros hijos vean en nosotros el modelo de un amor que no se rinde. Amén.