Padre Celestial, hoy reconozco que el miedo ha intentado robarme la paz y la libertad que tú me diste. Gracias porque tu Palabra declara que no me has dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.
En este momento, renuncio a todo miedo que habita en mi corazón: miedo al rechazo, al fracaso, al futuro, a la enfermedad, a lo desconocido. Entrego cada uno de estos temores a tus manos poderosas.
Señor, activa en mí la valentía de Cristo. Que cada vez que el miedo llame a mi puerta, la fe abra esa puerta y lo encuentre vacío. Que tu amor perfecto, que echa fuera todo temor, sea el escudo de mi mente y mi corazón.
Declaro que no caminaré con miedo sino con confianza, sabiendo que Tú vas delante de mí. Amén.