Señor mi Dios, al llegar el final de este día, me acerco a ti buscando el refugio y la paz que solo tu presencia puede brindar. Te doy gracias por cada bendición que recibí hoy, por tu protección constante, por la salud y por el pan en mi mesa. Te pido perdón por mis faltas, por las palabras dichas sin pensar, por las actitudes incorrectas y por las veces que me olvidé de confiar en ti a lo largo de la jornada. Límpiame con tu gracia y ayúdame a perdonar a cualquier persona que me haya ofendido, para no llevarme ningún resentimiento a la cama.
Ahora, Padre, decido de manera consciente descargar en tus manos fuertes todas las ansiedades, preocupaciones y problemas que enfrenté hoy. Mi mente está cansada y a veces los pensamientos sobre el futuro o las cuentas por pagar intentan robarme la paz. Pero tú has prometido en tu Palabra que en paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú me haces vivir confiado. Renuncio a la ansiedad y al miedo, y abrazo tu paz que sobrepasa todo entendimiento. Cubre mi mente con la sangre de Cristo y ordena a tus ángeles que acampen alrededor de mi hogar, de mi familia y de mi cama esta noche.
Te entrego el día de mañana, sabiendo que tú ya estás allí y que tienes preparado el camino. Renueva mis fuerzas físicas, mentales y espirituales mientras duermo. Que mi descanso sea profundo, reparador y libre de pesadillas. Y si es tu voluntad que vea un nuevo amanecer, que despierte con un corazón agradecido, lleno de energía para hacer tu voluntad. En el precioso nombre de Jesús, mi Salvador, amén.
