“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.”
“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá en derredor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.”
“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Si los enumero, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.”
“Lámpara es a mis pies tu palabra.”
Salmo 119:105También sugerimos leer:
Reflexiones
El Dios que lo Sabe Todo (v. 1-6)
El Salmo 139 es, sin duda, la cumbre de la revelación del Antiguo Testamento sobre los atributos de Dios aplicados a la experiencia humana individual. David comienza explorando la omnisciencia divina (el hecho de que Dios sabe absolutamente todas las cosas). Pero no lo presenta como un concepto filosófico abstracto o un teorema teológico frío; lo presenta en los términos más íntimamente personales. Dios no solo conoce datos sobre el universo, Él te "ha examinado y conocido" a ti específicamente. Conoce la mecánica más rutinaria de tus días: tu "sentarme y mi levantarme". Cada detalle ordinario de tu existencia capta Su atención inquebrantable. Más profundo aún, Dios penetra la barrera de tu cráneo y comprende tus pensamientos internos "desde lejos", incluso antes de que tomen forma completa en tu propia mente. Para muchos, esta idea de un Dios que escruta y monitorea incesantemente todos nuestros "caminos" y sabe las palabras de nuestra lengua antes de pronunciarlas, podría resultar aterradora. Es la imagen del Ojo de Gran Hermano que todo lo ve para castigar. Pero para David, esta omnisciencia es profundamente reconfortante porque está acompañada por el amor pactual (hesed). Él se da cuenta de que Dios lo rodea protectoramente por todos los flancos ("Detrás y delante me rodeaste") y apoya suavemente Su mano sobre él. Saberse conocido al cien por ciento —sin máscaras, sin secretos, con todos los miedos inconfesables y pecados ocultos expuestos a la luz— y al mismo tiempo saberse amado incondicionalmente, es la experiencia más liberadora que el alma humana puede alcanzar. Ante la inmensidad de este nivel de conocimiento y amor detallado, la mente brillante de David simplemente colapsa en asombro, confesando que este entendimiento divino es "demasiado maravilloso" y excesivamente "alto" para la limitada comprensión de nuestro cerebro finito.
El Dios de Quien no Podemos Huir (v. 7-12)
Habiendo establecido que Dios lo sabe todo (omnisciencia), David pasa a reflexionar sobre el hecho de que Dios está en todas partes (omnipresencia). Para el pecador fugitivo (como Jonás huyendo a Tarsis), esto es una realidad agobiante: no hay escondite en todo el cosmos donde evadir a Dios. "A dónde me iré de tu Espíritu?" pregunta retóricamente. David explora los extremos inimaginables del universo para ilustrar su punto. Si ascendiera a las alturas de los cielos, o descendiera a las profundidades del Seol (el lugar de los muertos o el sepulcro), la Presencia Divina llenaría ambos espacios por igual. Si pudiera montar los veloces rayos del sol al amanecer ("alas del alba") cruzando rápidamente hasta los límites occidentales del gran mar, descubriría que Dios ya estaba esperándolo allí. Sin embargo, el propósito principal de esta poesía espacial no es mostrar a Dios como un detective implacable persiguiendo a un fugitivo, sino como un Salvador incondicional que rescata al creyente solitario y perdido. Aun en los lugares más lejanos y aislados de la existencia, ya sea el exilio geográfico, la depresión profunda, el dolor paralizante o una cama de hospital, la promesa es contundente: "aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra". Cuando David siente que las densas tinieblas de la crisis están a punto de engullirlo ("ciertamente las tinieblas me encubrirán"), recuerda que la luz y la oscuridad no afectan la visión de Dios. Para el Creador de los fotones, la noche más oscura brilla con la misma claridad que el mediodía. Por lo tanto, nunca estás tan inmerso en la oscuridad como para que la mirada amorosa y rescatadora de tu Padre no pueda encontrarte y sostenerte firmemente con Su mano derecha.
El Arquitecto de tu Vida en el Vientre (v. 13-18)
En esta tercera estrofa, el enfoque del salmista cambia drásticamente: pasa del infinito espacio cósmico de la omnipresencia, al claustro microscópico y misterioso del vientre materno. David declara una verdad biológica y espiritual revolucionaria: la vida humana no es producto del azar biológico, de un accidente genético o de la simple voluntad humana, sino del diseño artesanal intencional del Creador Soberano. "Tú formaste mis entrañas; tú me hiciste (literalmente, me *tejiste*) en el vientre de mi madre". Dios es presentado como un Maestro Artesano cosiendo meticulosamente cada fibra, célula, órgano y cromosoma humano. Al reflexionar sobre la asombrosa complejidad de la biología humana, David estalla en alabanza, maravillado por el milagro formidable que es el cuerpo humano mismo. Pero el salmo nos lleva aún más profundo, revelando que el cuidado de Dios sobre nosotros comenzó incluso antes del nacimiento. En el versículo 16, encontramos una declaración asombrosa de predestinación providencial: "Mi embrión (la masa no formada todavía) vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas". Antes de que respiraras por primera vez, tus días, tus características, tu propósito y tu potencial ya estaban diseñados soberanamente en los "planos" arquitectónicos de Dios. No eres un error ni una coincidencia evolutiva; eres una obra maestra escrita en la eternidad. Saber que el Creador del universo dedicó tiempo para tejer tus detalles más íntimos lleva a David a exclamar: "¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!". La suma de las atenciones que Dios tiene hacia ti cada día es incalculable, superando en número a los granos de arena de todas las playas del mundo. El salmo nos asegura que cuando cerramos los ojos por la noche y cuando "despertamos" a una nueva mañana, la presencia amorosa de este Gran Diseñador permanece, fielmente e inquebrantablemente, a nuestro lado.
