Amado Padre Celestial, me acerco a ti hoy reconociendo tu nombre supremo: Jehová Rafa, el Dios que sana. Tú eres el Creador de mi cuerpo; conoces cada célula, cada órgano y cada sistema que opera dentro de mí. Hoy, en el poderoso nombre de Jesucristo, vengo a presentar mi cuerpo delante de ti, pidiendo que tu mano sanadora se extienda sobre cada dolencia, cada dolor y cada enfermedad que esté afligiendo mi vida.
Señor, tu Palabra declara en Isaías 53 que por las llagas de Jesús fuimos nosotros curados. Yo tomo esa promesa hoy, no como una posibilidad, sino como una realidad espiritual comprada a precio de sangre en la cruz del Calvario. Renuncio al miedo, al pánico y a la desesperanza que el enemigo quiere sembrar en mi mente a través de los diagnósticos. Elijo creer en tu informe, el informe que dice que la vida y la sanidad brotan de ti.
Te entrego este proceso de sanidad con total confianza. Si decides sanarme instantáneamente a través de un milagro, te doy la gloria. Si decides sanarme a través de la sabiduría que les has dado a los médicos y los tratamientos, también te doy la gloria. Tú eres soberano. Limpia mi corazón de cualquier amargura o falta de perdón que pudiera estar bloqueando mi restauración. Lléname de tu paz que sobrepasa todo entendimiento. Declaro salud sobre mis huesos, fortaleza sobre mis músculos y vida abundante sobre todo mi ser. En el nombre poderoso de Jesucristo, amén.
